
PARTE 2
El chico se tambaleó hacia atrás, apoyándose contra el marco de la puerta mientras la respiración se le cortaba por completo. Mirando a su madre con una mezcla de pánico y desesperación, el joven tartamudeó con la voz rota: «¡Mamá, por favor! Ella nunca me dijo quién era… yo pense que era solo una cajera y solo querÃa proteger mi futuro para darte orgullo a ti». Su mujer madre lo apartó con un gesto de absoluto asco y le contestó con una firmeza que le congeló la sangre: «A mà no me das orgullo, me das vergüenza. Viviste bajo mi techo y usaste mi dinero para pisotear a la mujer que te va a dar un hijo, mi nieto y además se partió el alma trabajando para que tú no pasaras necesidades».
La joven embarazada, secándose las lágrimas con la ayuda de la empresaria, tomó su maleta con dignidad y miró a quien alguna vez amó. El chico, al ver que su herencia y su carrera de ensueño se desvanecÃan en un segundo, cayó de rodillas sobre la entrada de la casa, suplicando con humillación: «¡Amor, por favor perdóname, piensa en nuestro hijo! No me dejes asÃ, yo te amo y podemos empezar de nuevo». Sin embargo, su madre se interpuso de inmediato, sacó el teléfono de su costosa cartera y le dijo con frialdad: «Ya es muy tarde para tus mentiras. Desde este momento, la cuenta bancaria a tu nombre queda cancelada, el auto de lujo que manejas regresa a mi concesionario y tienes exactamente diez minutos para sacar tu ropa de mi propiedad, durante un año trabajarás duro para que aprendas a valorar».
Dos guardias de seguridad de la empresaria se acercaron para escoltar al joven fuera del jardÃn, mientras este lloraba con desesperación al darse cuenta de que su arrogancia lo habÃa dejado en la calle, sin familia, sin estudios y sin el dinero que tanto presumÃa. La mujer tomó del brazo a la futura madre y la ayudó a subir al lujoso automóvil, asegurándole que a su nieto jamás le faltarÃa amor ni protección. El vehÃculo arrancó a toda marcha, dejando al presumido sumido en la miseria más absoluta de la acera, aprendiendo de la manera más dura que el estatus de cartón nunca podrá sostener a un corazón vacÃo.
Moraleja
«Quien desprecia y humilla a la pareja que lo apoyó en sus momentos más difÃciles, utilizando el estudio o la posición social como un arma de superioridad, termina descubriendo que el orgullo es el peor enemigo del éxito y que la vida se encarga de despojar de todos sus lujos a los ingratos». La verdadera riqueza de un ser humano se mide por la lealtad y el respeto hacia quienes caminaron con él en la tormenta; por eso, el destino siempre derriba los castillos de arena de los soberbios.