
PARTE 2
El sonido ensordecedor de las sirenas policiales retumbó con fuerza en toda la avenida mientras las luces rojas y azules iluminaban el asfalto. La raptora soltó un grito de pánico y, al intentar huir a toda prisa esquivando a los transeúntes, tropezó torpemente contra un puesto ambulante, cayendo al suelo de rodillas.
En ese instante, dos patrullas de la policĂa bloquearon el paso y los oficiales descendieron rápidamente para interceptarla. «¡Queda usted arrestada por secuestro, trata de menores y explotaciĂłn infantil!», sentenciĂł el oficial al mando mientras le colocaba los grilletes metálicos a la criminal, que forcejeaba inĂştilmente entre gritos y maldiciones.
La madre, con las lágrimas corriendo por sus mejillas pero con el alma en paz, corriĂł hacia la pequeña de siete años y la envolviĂł en un abrazo eterno. La niña enterrĂł su carita en el hombro de su verdadera madre, sintiendo por primera vez en su vida la seguridad y el amor incondicional que le habĂan robado durante siete largos años. La secuestradora fue conducida directamente a prisiĂłn sin derecho a fianza, pagando con la cárcel cada lágrima y cada dĂa de sufrimiento que causĂł.
Moraleja «Quien arrebata la inocencia y el hogar de un hijo ajeno creyendo que el tiempo borrará su delito, termina descubriendo que la verdad siempre regresa y que la justicia divina y terrenal nunca fallan». El amor de una madre es indestructible; por eso, el egoĂsmo y la maldad siempre pagan el precio de su propia condena.