
PARTE 2
Elena y Lucía ingresaron a la elegante sala de estar acomodándose el vestido y presumiendo una sonrisa falsa de profesionalismo. «Buenos días, señor. Vengo preparada para asumir la administración general de esta hermosa residencia y garantizar que mantenga su alto estatus», declaró con voz engreída apenas pisó la alfombra. En ese instante, el joven que acababa de entrar por la puerta trasera se colocó al centro del salón. El pequeño perrito salchicha corrió hacia él, moviendo la cola de alegría, y el muchacho lo cargó amorosamente entre sus brazos. Elena y Lucía se quedaron paralizadas.
«Lamento informarles que la entrevista ha terminado», sentenció el joven con voz fría, serena e imponente. «La prueba principal para administrar mi patrimonio era el trato hacia el verdadero dueño de esta casa: mi perro y su familia. Alguien que patea a un animal indefenso y lo desprecia jamás tendrá la ética ni el corazón para manejar mis bienes». Elena, pálida y temblando de rabia, intentó suplicar y excusarse, pero los guardias de seguridad las escoltaron de inmediato fuera de la propiedad, dejándolas humilladas, desempleadas y arruinadas por su propia prepotencia.
Moraleja «Quien muestra crueldad y desprecio hacia un ser indefenso creyendo que nadie lo observa, revela la verdadera pobreza de su alma y demuestra que no es digno de ninguna confianza». La educación y la bondad no se simulan; por eso, la arrogancia siempre cosecha su propio rechazo y humillación.