
PARTE 2
El llanto desesperado de la madre resonó por todo el comedor mientras la hija cruzaba la puerta de entrada sin mirar atrás. El hermano, pálido y con el tenedor a medio camino de la boca, intentó levantarse de la mesa para detenerla, pero tropezó torpemente con la silla al darse cuenta de la pesadilla que acababa de comenzar. «¡Llama a tu hermana, dile que regrese! ¡Yo no puedo estar sin mis medicinas ni un solo dÃa!», gritó la anciana con la voz quebrada por el pánico, sujetándose del brazo de su hijo consentido.
El graduado intentó revisar las cuentas bancarias en su teléfono celular, pero de inmediato se dio cuenta de que no tenÃa un solo centavo para cubrir el alquiler de la casa ni los dos mil dólares mensuales del tratamiento médico. A la mañana siguiente, las enfermeras privadas no llegaron, los servicios de la casa fueron cortados por falta de pago y el dueño del inmueble se presentó con una orden de desalojo inmediato. El hermano tuvo que salir a la calle a buscar un trabajo de turno completo para poder comprar el plato de comida más barato para su madre, mientras la hija abordaba su vuelo hacia un futuro brillante, dejando a la ingrata familia en la ruina, la suciedad y la absoluta desesperación por su crueldad.
Moraleja «Quien desprecia las manos de quien lo cuida y sostiene en el silencio, creyendo que el tÃtulo o el orgullo le darán abrigo, termina descubriendo que la ingratitud apaga la abundancia y que el verdadero valor de la familia se reconoce cuando se pierde a la persona honesta». Quien humilla por soberbia, siempre termina comiendo de sus propios errores.