EL DINERO DEL ALQUILER: EL FINAL DEL HERMANO CONSENTIDO

PARTE 2

El silencio en la cocina fue ensordecedor. El hermano dejó de sonreír de golpe, quedándose con la chaqueta de marca puesta mientras la madre anciana palidecía, «¡Espera, estás loca! ¡No puedes hacernos esto, mientras el joven corría a intentar detener a su hermana, sin éxito alguno.

Al siguiente día en la mañana al abrir la puerta ya se encontraban dos representantes del dueño del inmueble acompañados por la policía local. «Buenos dias. Venimos a ejecutar la rescisión de contrato por falta de pago y transferencia de titularidad solicitada por la única pagadora registrada», anunció el oficial con tono tajante. La hija entró a la casa y en minutos salió, entregó las llaves al propietario y agarró sus maletas que ya tenía listas junto a la entrada.

Ante los gritos desesperados del hermano y la madre, los agentes los escoltaron hacia la calle para el desalojo inmediato. El vago tuvo que ver cómo su preciada chaqueta de marca era lo único valioso que tenían y decidió empeñarla para pagar algunas noches de hospedaje, quedando ambos en la ruina, a oscuras y completamente desamparados por su despreciable egoísmo.

Moraleja «Quien abusa de la generosidad de quien lo sostiene y pretende vivir a costa del sacrificio ajeno, termina descubriendo que la ingratitud apaga todas las luces del hogar». El respeto y el apoyo mutuo no se exigen, se ganan; por eso, el egoísmo y la explotación familiar siempre pagan el precio de su propia ruina.

Scroll al inicio