
PARTE 2
Un pánico atroz sofocó a la mujer mientras se agarraba la mejilla con dolor, viendo cómo sus maletas eran arrojadas a la acera pública. La sonrisa de superioridad con la que humillaba al pequeño Mateo se transformó en una mueca de terror al ver a los dos oficiales de policía que aguardaban junto al vehículo de su esposo.»¡Amor, por favor, me estás entendiendo mal! ¡Yo solo quería enseñarle modales, no me puedes dejar en la calle!», chilló la madrastra con la voz descompuesta por el pánico, intentando dar un paso hacia la entrada de la casa.
El padre se interpuso con una mirada llena de fuego e indignación, abrazando a su pequeño hijo que aún temblaba en sus brazos. «Todo quedó registrado en las cámaras de seguridad que instalé en el comedor esta mañana», sentenció el hombre con una voz tan fría como el acero. «No solo te vas de esta casa hoy mismo, sino que también revise las grabaciones de todos los maltratos que le hiciste a mi hijo en dias anteriores y ya están en manos de la fiscalía».
En ese preciso instante, los agentes le sujetaron los brazos y le colocaron las esposas con firmeza por el delito de crueldad e infantilismo no asistido. La malvada mujer terminó procesada y escoltada hacia la patrulla entre los murmullos de todo el vecindario, pasando de codiciar la fortuna de la familia a quedarse sola y tras las rejas por su desgarradora crueldad.
Moraleja «Quien descarga su frustración y maldad contra un niño indefenso, termina descubriendo que el dolor causado a un inocente se paga con la humillación y la pérdida total de la libertad». La inocencia de un hijo se protege con la vida; por eso, la maldad tarde o temprano cosecha su propia ruina.