
PARTE 2
Un frĆo sepulcral recorrió la recepción mientras a la supervisora se le borraba la sonrisa de golpe y la voz se le congelaba en la garganta. La carpeta que acababa de desestimar con tanto desprecio reposaba en las manos del mismĆsimo Presidente de la corporación.»”SeƱor Presidente, esto debe ser un malentendido! Ā”Ese muchacho solo traĆa papeles sin valor!Ā», balbuceó la mujer con la cara pĆ”lida y las manos temblorosas, intentando ponerse entre el dueƱo y el joven.
El Presidente la detuvo con una mirada de hielo que la hizo dar un paso atrĆ”s. Ā«El Ćŗnico error aquĆ fue confiarte la supervisión de este edificioĀ», sentenció el empresario con voz potente que resonó por todo el vestĆbulo. Ā«Este joven no venĆa a pedir trabajo; venĆa como auditor externo contratado directamente por el consejo directivo para investigar las irregularidades en tus balancesĀ».
En ese preciso instante, dos oficiales de la policĆa fiscal ingresaron por la puerta principal. Ante la mirada atónita de todos los empleados y visitantes, el Presidente le hizo entrega de las pruebas que el joven habĆa documentado minuciosamente. La supervisora fue esposada y escoltada fuera del edificio entre la vergüenza absoluta y el despido inmediato, por ser cómplice del administrador quien estaba haciendo el desfalco de la empresa, mientras al talentoso joven se le otorgaba la dirección general del Ć”rea de auditorĆa por su brillantez y honestidad.
Moraleja «Quien juzga a los demÔs por su apariencia y se sirve de la arrogancia para pisotear el talento ajeno, termina descubriendo que la verdad siempre sale a la luz para poner a cada quien en su lugar». La honestidad y la capacidad siempre prevalecen; por eso, la soberbia tarde o temprano paga el precio de la ruina y el deshonor.