
PARTE 2
Un pánico atroz sofocĂł a la nuera, la sonrisa burlona con la que humillaba a Doña MarĂa se transformĂł en una mueca de terror al ver a los dos oficiales de policĂa que ingresaban a la cocina y que habĂan sido llamados por su esposo cuando iba de camino a casa.»¡Amor, por favor, me estás entendiendo mal! ¡Todo fue un malentendido, yo solo jugaba con ella!», chillĂł la mujer con la voz descompuesta, dando pasos hacia atrás mientras intentaba tapar con su cuerpo el plato de desperdicios y la soga.
El esposo no la escuchó. Con los ojos llenos de lágrimas de indignación, terminó de desatar a su madre, tomó la pastilla del mostrador y le ofreció un vaso con agua para estabilizarla. «Todo quedó grabado en la aplicación del monitor y yo lo que hice fue retransmitirlo directamente a la central de emergencias», sentenció el hombre con una voz gélida. «No solo perdiste cualquier derecho sobre esta familia, sino que acabas de firmar tu propia condena».
En ese preciso instante, los agentes le sujetaron los brazos y le colocaron las esposas con firmeza. Doña MarĂa, ya recuperada y sostenida por el amor de su hijo, la mirĂł con profunda dignidad mientras la policĂa la escoltaba fuera de la residencia. La macabra nuera terminĂł procesada por tentativa de homicidio, extorsiĂłn y secuestro, pasando de codiciar una mansiĂłn a quedarse sola tras las rejas.
Moraleja «Quien recurre a la crueldad y al chantaje para arrebatar lo que no le pertenece, termina descubriendo que la maldad jamás queda oculta y que el daño causado a un inocente se paga con la pérdida total de la libertad». La avaricia ciega al malvado; por eso, la justicia siempre llega para proteger al indefenso.