EL VERDADERO DUEÑO: LA CAÍDA DEL ESTUDIANTE PREPOTENTE

PARTE 2

Un silencio incómodo congeló la cafetería mientras los demás estudiantes comenzaban a murmullor entre ellos. La risa burlona del compañero rico se extinguió de golpe al notar que el joven no se alteró en lo absoluto, sino que mantenía una compostura imponente. Mientras el chico se alejaba el otro le gritaba: «¡Eres un charlatán y un mentiroso!», balbuceó el estudiante engreído, intentando disimular el nerviosismo que le recorría la espalda mientras sus amigos lo miraban con duda.

En ese preciso instante, la voz del director retumbó por los altavoces solicitando la presencia inmediata del estudiante prepotente en la oficina principal. Al cruzar la puerta del despacho, el aire se le escapó del pecho: detrás del escritorio ejecutivo se encontraba el joven del uniforme sencillo, flanqueado por el abogado de la familia y un chofer en traje a medida.

«Te presento al hijo del nuevo inversionista y dueño mayoritario del colegio», declaró el director con tono sumamente severo. «El joven acaba de asumir la administración del campus y su primera orden fue revisar tu expediente de conducta por acoso y cancelar tu beca de forma definitiva». El estudiante arrogante intentó disculparse entre balbuceos, pero la decisión ya estaba tomada. Terminado el día, fue expulsado de la institución y expuesto ante todos sus compañeros, aprendiendo que la educación y la humildad valen mucho más que cualquier marca de ropa.

Moraleja «Quien juzga el valor de una persona por la sencillez de su apariencia o la ausencia de marcas ostentosas, termina descubriendo que la verdadera grandeza no necesita presumir para prevalecer». La soberbia ciega al arrogante; por eso, la humildad siempre termina dando la lección más contundente.

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