
PARTE 2
El plato especial quedó olvidado sobre la mesa mientras la hermana mayor dejaba caer el tenedor, con el rostro pálido y los ojos desencajados por el pánico. La madre intentó levantarse de inmediato entre balbuceos desesperados: «¡Hija, por favor, recapacita! ¡Tú no puedes hacerme esto! ¿A dónde voy a ir si yo no tengo a dónde llegar?».
La hija menor las miró con la cabeza en alto y absoluta serenidad. «Durante años ignoraron mis dobles turnos en el restaurante y descalificaron mi esfuerzo llamándome ‘mesera’, mientras se gastaban el dinero de la renta en viajes para presumir una vida que no podÃan pagar», declaró con voz firme. «Pensaron que mi trabajo no valÃa nada, pero se olvidaron de que era mi sueldo el que te daba un techo digno, ahora dile a tu hija consentida que te lleve a vivir con ella y se ocupe de ti. Hoy aprenden que la soberbia se paga cara».
La hermana mayor dio un paso atrás de inmediato, cruzándose de brazos y soltando una risa nerviosa y egoÃsta: «¡Ni se te ocurra, mamá! Mi casa es de una sola habitación y es para mi esposo y para mÃ. Bastante trabajo tengo con mantener mi matrimonio como para llevarte a vivir con nosotros y apretarnos por tu culpa. Arréglatelas como puedas». La madre sintió que el corazón se le partÃa en mil pedazos al escuchar el verdadero rostro de su hija preferida, a quien tanto vanaglorió.
En ese preciso instante, el propietario del inmueble llegó para recibir las llaves y pedirles que desalojaran la propiedad. La madre quedó llorando de desolación en la acera, rechazada por la hija consentida que no quiso hacerse cargo de ella, y le admitió entre lágrimas que la tarjeta de su esposo estaba bloqueada por deudas, dejando a la madre de rodillas suplicando el perdón de la hija a la que tanto humilló. La joven tomó sus maletas tranquilamente y caminó hacia su nuevo hogar, dejando a las dos mujeres despojadas de sus lujos imaginarios y aprendiendo que la soberbia siempre se paga con la ruina.
Moraleja «Quien desprecia el trabajo honesto y el esfuerzo ajeno para vanagloriarse de apariencias falsas, termina descubriendo que la soberbia destruye la estabilidad y que la gratitud es la única base del verdadero bienestar». Ningún empleo digno es inferior; por eso, la vida siempre se encarga de darle su lugar a quien trabaja con dedicación.