
PARTE 2
Dos oficiales de policia llegaron a la habitación y la madre les gritó con las pocas fuerzas que tenia debido a la anestesia: «Corran, la enfermera se quiere robar a mi hijo», los oficiales corrieron hasta alcanzarla pero la enfermera forcejeó salvajemente mientras los oficiales la sujetaban con firmeza, tratando de mantener a salvo al recién nacido en sus brazos. «¡Suéltenme, imbéciles! ¡Ustedes no saben con quién se están metiendo!», gritaba fuera de sí con el rostro desencajado por la furia. En ese preciso instante, el director del hospital caminó hacia ella a paso acelerado, acompañado por dos agentes de la policía nacional y la madre del bebé, quien avanzaba en una silla de ruedas empujada por un médico.
La enfermera cambió su tono de inmediato, intentando balbucear entre lágrimas falsas: «¡Doctor, menos mal que llegan! Esta mujer está teniendo un episodio psicótico por la anestesia y quiso agredirme… ¡Yo solo estaba protegiendo al niño!». El director de la clínica la miró con absoluto desprecio y le mostró la pantalla de su teléfono celular con la transmisión en vivo de las cámaras de seguridad de la sala de parto.
«Tu micrófono de solapa estuvo abierto todo el tiempo desde que entraste a la habitación», declaró el director con voz firme y helada. «Toda la mesa directiva y las autoridades escucharon cada una de tus amenazas de vender al bebé en el extranjero». La policía le colocó las esposas de inmediato por los delitos de tráfico de menores, secuestro e intromisión legal. La malvada enfermera cayó de rodillas sobre el suelo del pasillo, llorando de desesperación al verse descubierta, perdiendo su licencia para siempre y enfrentando una condena de más de treinta años de cárcel. La madre sostuvo a su hijo entre los brazos entre lágrimas de felicidad, sabiendo que la justicia siempre protege a los inocentes.
Moraleja
«Quien aprovecha la vulnerabilidad de una madre para arrebatarle lo más sagrado por pura codicia, termina descubriendo que la maldad nunca prevalece y que la vida siempre se encarga de castigar a los despiadados». El amor de una familia es un escudo indestructible; por eso, la verdad tarde o temprano sale a la luz para hacer justicia.