
PARTE 2
Un sudor frÃo le cubrió la frente al hijo al ver la comida tirada en el suelo del taller reflejando la magnitud del desprecio con el que acababa de tratar al hombre que le dio todo.»¡Papá, espera! ¡No puedes hacerme esto, es mi futuro!», balbuceó el joven descompuesto por el pánico, intentando dar un paso hacia el anciano para arrebatarle el fajo de billetes.
El padre lo detuvo en seco levantando la mano con firmeza y señalando la salida del local. «Tu futuro te lo tenÃas que ganar con respeto, no exigiendo como un dictador», declaró el anciano con la voz quebrada por el dolor, pero con una dignidad inquebrantable. «Cada centavo de ese departamento salió de la grasa de mis manos y del sudor de mi frente. Desde hoy no recibes un solo dólar más de este taller».
En ese momento, dos trabajadores del mecánico se interpusieron entre el joven y su padre para impedir que se acercara, mientras el abogado de la empresa le hacÃa entrega de la notificación formal de desalojo y la cancelación de todas sus tarjetas de crédito. El prepotente hijo fue expulsado a la calle sin un solo centavo, vestido de traje carÃsimo pero completamente arruinado, aprendiendo de la forma más dura que la soberbia contra los padres se paga con la miseria.
Moraleja «Quien se avergüenza de las manos trabajadoras de sus padres e intenta pisotear su sacrificio con arrogancia, termina descubriendo que la verdadera pobreza es la falta de gratitud y que la soberbia siempre conduce a la ruina». La honradez del trabajo dignifica; por eso, el hijo ingrato siempre termina pagando la factura más alta en la miseria.