EL PRECIO DEL FAVORITISMO: EL DESCUBRIMIENTO DE LA MADRE

PARTE 2

Un sudor frío recorrió la espalda del hermano menor mientras el teléfono se le resbalaba de los dedos, estrellándose contra el suelo de la sala. La madre soltó una risa forzada intentando disimular el nudo en la garganta que la advertencia de su hijo mayor le acababa de provocar, «¡E-eres un mentiroso y un envidioso!», exclamó la mujer con la voz temblorosa mientras sacaba apresuradamente la libreta bancaria de su bolso. «¡Tu hermano es un muchacho bueno que jamás me tocaría un solo centavo!».

Sin embargo, al abrir la aplicación de su cuenta en el celular, un grito de horror se le ahogó en el pecho: el saldo de los ahorros de toda su vida estaba en cero absoluto. En el historial de transacciones figuraban docenas de transferencias a casas de apuestas e inversiones fraudulentas en línea realizadas desde el dispositivo de su hijo consentido.

«Se gastó cada uno de tus ahorros en sus vicios mientras tú me robabas mi sueldo para complacerlo», sentenció el hermano mayor tomando sus llaves y su maleta. Con la policía ya en camino para procesar la denuncia por fraude y robo de identidad, el hijo menor fue arrestado entre sollozos, dejando a la madre arrodillada en el suelo, ahogada en llanto y atrapada en la ruina total por culpa de su propia ceguera.

Moraleja «Quien alcahuetea los vicios de un hijo e humilla al que trabaja con honradez, termina cosechando su propia ruina a manos de la ingratitud». El favoritismo ciego destruye hogares; por eso, la vida siempre le enseña al injusto que la lealtad no se exige, se valora.

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