HISTORIA 025 «CUSTODIA PERRUNA» (Desenlace Final)

PARTE 3

La abogada les lee la decisión final del juez donde dice que la custodia total de los tres perritos se le otorga a quien tiene el chip registrado a su nombre y paga el veterinario… es decir, la señora. luego se dirige al esposo y le dice: «Usted solo tiene derecho a visitas los domingos y dias especiales que por mutuo acuerdo decidan». El esposo se queda pálido como el papel, con los ojos desorbitados y la boca abierta por el impacto. y la abogada continúa: » Y además, el juez estipuló que usted deberá cubrir una pensión alimenticia mensual para la manutención y gastos médicos de los tres perritos».

La abogada se quedó atónita al ver que la reacción del esposo ante la notificación fue un espectáculo de inmadurez, ya que estaba furioso y formó una pataleta donde comenzó a patear las maletas que estaban en el suelo, alegando que era una injusticia pagar manutención por lo que él calificaba de «simples animales», exigiendo hablar directamente con el juez para anular el fallo. Sin embargo, la abogada de familia le recordó con total serenidad que la legislación actual reconoce a los animales de compañía como seres sintientes y que la responsabilidad de su bienestar económico recae proporcionalmente en ambas partes del divorcio, advirtiéndole que negarse a pagar la pensión derivaría en el embargo de sus cuentas bancarias.

Sin más opciones y profundamente humillado por la firmeza de la ley, el hombre tuvo que tomar sus maletas y salir del departamento bajo la mirada de desprecio de los vecinos que escucharon sus gritos. Los perritos, al ver la tranquilidad restablecida en la sala, corrieron felices hacia su dueña, quien los abrazó entre lágrimas de alivio sabiendo que jamás serían separados ni utilizados como moneda de cambio por la soberbia de su exesposo.

Meses después, la vida de la mujer floreció con una paz absoluta. Cumpliendo estrictamente con la orden judicial, el hombre se veía obligado a transferir la pensión alimenticia cada mes, asistiendo los domingos a cumplir con sus horas de visita bajo la supervisión de un intermediario. Aprendió por la vía más dura que las mascotas no son objetos de su propiedad para manipular a otros, y que la verdadera lealtad siempre es recompensada con justicia. FIN.

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