**La Lección del Albañil: El Castigo a la Ingratitud

PARTE 2

La madre quedó totalmente sorprendida, analizando lo que acababan de perder por sus palabras tan hirientes, mientras la palidez le cubría el rostro por completo. El hijo licenciado, atragantándose con un bocado de carne, soltó los cubiertos y sonrió con una arrogancia desmedida, diciendo con la voz quebrada por el nerviosismo: «¡No me hagas reír, indio mugroso! ¿Con qué dinero vas a comprar esta casa? ¡Tú no sabes ni leer un contrato! Esto es una mentira para quitarnos el plato de la mesa».

Sin perder la calma, el hermano albañil sacó del bolsillo de su bolso de trabajo una elegante carpeta de cuero gastado y lanzó las escrituras notariales sobre la mesa. «Esta casa que compre es muy bonita y esta en pleno centro de la ciudad», declaró el joven con una voz tan firme que hizo temblar el comedor. «Fueron mis manos llenas de mezcla y mi espalda lastimada las que pagaron cada centavo de la nueva casa y del alquiler de esta, ya que tu hijo Licenciado solo tiene deudas de juego, pero ya no mas, ahora les toca a ustedes pagar alquiler, comida y servicios y yo me largo de aqui».

La madre, al ver el sello oficial del notario y la firma, cayó de rodillas sobre el piso, agarrándose de la ropa de su hijo albañil entre lágrimas desesperadas de arrepentimiento: «¡Hijo mío, por favor! ¡Perdóname, yo no sabía nada! Tu hermano me engañó diciendo que él pagaba todo… ¡No me dejes en la calle, te lo suplico!». El licenciado, al verse descubierto y sin el respaldo de la propiedad, intentó encarar al hermano. El albañil caminó hacia la puerta de entrada, la abrió de par en par y sentenció con absoluta frialdad: «El respeto no se compra, quédate con tu hijo Licenciado ya que este ‘burro de carga’ hoy cierra la puerta para siempre».

Moraleja

«Quien desprecia el trabajo honrado de los suyos y enaltece la soberbia de los ingratos, termina descubriendo que las apariencias engañan y que la vida siempre se encarga de dejar en la miseria a los corazones injustos». La verdadera dignidad reside en el esfuerzo y la nobleza de espíritu; por eso, el destino tarde o temprano le entrega la recompensa a quien trabaja con el sudor de su frente.

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