EL PRECIO DE LA TRAICIÓN: LA CAÍDA DE LA INFIDELIDAD

PARTE 2

La esposa totalmente enfurecida y dolida por la traición le reclama a quien habia sido su esposo por 5 años diciendole: «¡Tu error fue morder la mano que te dio de comer! ¡Seguridad, saquen a este vividor y a su amante a patadas del edificio!». Los guardias inmediatamente los sujetan de los brazos y los arrastran por el pasillo al esposo y a la secretaria mientras todos los empleados los graban con sus celulares y se burlan de ellos.

Al verse expuesto ante toda la planta de trabajadores, el esposo intentó zafarse del agarre de los guardias, cubriéndose el rostro avergonzado. El traidor les gritaba desesperado a sus antiguos subordinados: «¡Dejen de grabar! ¡Borren esos videos o los voy a despedir a todos!». Sin embargo, las burlas se intensificaron y uno de los supervisores le contestó desde el pasillo: «Aquí ya no tienes poder, vividor, ahora ve a buscar un trabajo de verdad». La secretaria, perdiendo por completo los tacones en el trayecto, lloraba de frustración y le decía a su compañero: «¡Haz algo! ¡No dejes que nos humillen así, se supone que tenías todo bajo control!».

Los oficiales de seguridad los empujaron con fuerza a través de las puertas giratorias del vestíbulo principal, arrojándolos directamente hacia la acera pública. El hombre cayó de rodillas sobre el pavimento, viendo cómo sus pertenencias personales eran lanzadas dentro de una bolsa de basura negra. El jefe de seguridad lo miró desde la entrada y le dijo con desprecio: «La jefa mandó a decir que si vuelves a pisar esta acera, te mandará a detener por invasión de propiedad». Al quedarse completamente solos en la calle, la secretaria volteó a verlo con rabia y le reclamó furiosa: «¡Me dijiste que eras el dueño de todo! ¡Me utilizaste y ahora no tenemos nada!».

El exdirector intentó abrazarla buscando un poco de consuelo en medio de su ruina, pero la mujer lo empujó con asco, dándole la espalda para tomar un taxi y dejarlo abandonado a su suerte en la avenida. Desde la ventana del piso más alto de la torre, la ejecutiva contempló la escena con una sonrisa de satisfacción, sabiendo que la justicia había puesto a cada quien en su lugar y que su empresa finalmente estaba limpia de personas desleales.

Moraleja «Quien se atreve a traicionar la confianza de la persona que lo ayudó a subir y a construir su patrimonio, termina descubriendo que la codicia nubla la mente y que la vida se encarga de arrebatarle hasta el último gramo de orgullo a los desagradecidos». El éxito construido sobre la base del engaño es un castillo de arena; por eso, el destino se encarga de devolver a la miseria a los infieles, recordándonos que la lealtad es un valor que no se puede negociar con el dinero. FIN

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